sábado, 11 de agosto de 2007

El león de Nemea

Entre las miles de obsesiones que llevo conmigo, la mitología griega es una de ellas. Aunque parece que la mitología griega es un compendio de historias para niños, realmente en ellas se basaba la sabiduría ética y moral de los griegos, y todas sus historias tienen una lectura profunda y mística que no podemos obviar y que alberga enseñanzas importante sobre la vida. Quizá la antigüedad de aquella mitología hundía sus raíces en las tradiciones prehistóricas más básicas en las que, antes de inventarse la psicoterapia como tal, los hombres ya se preguntaban cómo dar solución a aquellas cuestiones que les atormentaban.

En concreto me encanta la historia de Heracles contra el León de Nemea. Heracles mata al león sin ningún arma, sin ayuda externa. Lo hace valiéndose únicamente de sus propios medios. En algunas versiones lo estrangula con sus manos y en otras introduce su brazo en la garganta de la bestia pero en lo que no hay disensión alguna es en el hecho de que Heracles no usa nada más que su propio ser para completar la tarea. Tras matarlo, desolla al león y usa su piel como armadura. En vez de deshacerse de su enemigo, lo usará en su beneficio, lo usará para protegerse y para evitar ataques del exterior. Lo usará como recuerdo permanente de quién es, y de su bagaje. El león de Nemea es el primero de los doce trabajos de Heracles, y así, tras superar esta tarea, llevará la piel del león sobre sus hombros el resto de su periplo, desde el enfrentamiento con la hidra de Lerna hasta domar a Cerbero, pasando por el jabalí de Erimanto o el toro de Creta.

Nadie está mejor dotado que nosotros mismos para acabar con nuestros monstruos. Nadie nos puede proporcionar herramientas que nos ayuden en esa labor. Quizá alguien pueda señalar con el dedo el camino a seguir, pero por duro que resulte, habrá de ser cada uno quien recorra con sus pies y en la más absoluta soledad ese camino, al final del cual estará el león de Nemea esperando a derrotarnos o a ser derrotado. Una vez vencido, la experiencia obtenida nos acompañará el resto de nuestra vida, como acompañó a Heracles la piel del león, sirviendo precisamente para protegernos. Tras vencer al león de Nemea seremos mucho más fuertes, jamás volveremos a ser la misma persona.