viernes, 29 de junio de 2007

Consumidores de Sensaciones

Hace poco estuve leyendo una entrevista en la que se habla en parte de algo en lo que suelo terminar siempre que me pongo a desarrollar una idea, a saber, que en las actividades en las que intervenimos personas, nunca se sabe lo que puede pasar.

La cuestión en este caso trata acerca de las personas como consumidores. Por ejemplo, como todos sabemos hay un tipo de compra denominada"por impulso", aquella que se realiza sin haberse planeado y como consecuencia de un estimulo fuerte en el lugar y momento apropiados.

Pues bien, cuando la compra si es planeada uno podria engañarse pensando que el proceso será en buena medida un ejercicio racional, es decir, si sales a comprar unos vaqueros con que te guste el color, la confección, el precio y poco más ... debería ser suficiente. Pues no.

Ninguna compra es racional y cuando llegas a la tienda resulta que hay montones de marcas y modelos diferentes de algo tan sencillo -a simple vista- como unos vaqueros.
Ahora resulta que tienes marcas asociadas a la calidad, otras que ofrecen el producto que realmente es "el original", las que están de moda porque las anuncia tu actor favorito, las que pretenden ofrecer la mejor relacion calidad/precio...
A veces, una marca consigue aglutinar muchos de esos factores a la vez, pero principalmente una marca se posiciona de una manera y luego si puede mejora su imagen en otros aspectos. No obstante, es dificil que la que está posicionada como de gran calidad trate de ser la "más barata".

De acuerdo, ¿ qué marca vas a comprar entonces ?. Seleccionas dos o tres y te pruebas tu talla. Ups, el corte de cada una te hace un "tipo" distinto. Resulta que la que mejor talla te da es un corte clasico y claro, no quieres que la gente te vea como un "abuelo". El tipo de pantalón que esta más de moda la verdad es que no te gusta nada el culo que te hace, así que intentas buscar algo intermedio, moderno pero que te quede bien, y que la marca sea buena... esto se complica.

En el caso de las mujeres esto se complica mucho más aun sencillamente porque se juega con mas factores. Pero ya solo con unos pantalones vaqueros de hombre que parece algo tan sencillo como el mecanismo de un chupete, puedes pasarte 2 horas dentro de la tienda facilmente.

Además de los factores relacionados con la marca, cuando hay muchos establecimientos que venden lo mismo, llega uno y te llena la ciudad de carteles con alguien que compra alli porque dice que no es tonto, vamos que si se te ocurre comprarlo al lado de casa, que a igualdad de circunstancias solo tendrias que cruzar la calle en caso de tener cualquier problema con el producto, entonces es que eres tonto. Cuanta presión !!.

En resumen, las compras son irracionales por mucho que queramos evitarlo, y si nos damos cuenta de que como consumidores compramos -por decirlo asi- "sensaciones", ahora podemos pensar en como nos "vendemos" las personas entre nosotras. Pero esto es para otro post.

sábado, 23 de junio de 2007

Efecto Kuleshov

Uno de los muchos efectos curiosos de la psicología cognitiva es el efecto Kuleshov. Lev Vladimirovich Kuleshov (conocido por la versión francesa de su nombre, Koulechov) nació el 1 de enero de 1899 en Tambov, y antes de cumplir los 21 años ya es profesor en la escuela de cine de Moscú, la VGIK que posteriormente llegará a dirigir, creando un laboratorio especial de montaje cinematográfico. Kuleshov se percató de que el cine, como cualquier arte, no reside en la obra, sino en la mente del observador. A fin de cuentas una obra no es lo que el creador hizo, sino lo que el espectador percibe y siente al enfrentarse a ella.

Kuleshov comprendió que el cerebro no percible imágenes aisladas y que, de la misma forma que leemos palabras completas y no letra a letra, nuestro cerebro combina las imágenes que vemos yuxtapuestas para crear una sensación conjunta. Y así realizó su famoso experimento de montaje cinematográfico. Creó tres escenas que proyectó ante tres públicos diferentes: La primera escena consistía en un plano de un plato de sopa, y después un primer plano del actor Ivan Mozzhukhin (conocido frecuentemente por la versión francesa de su nombre: Mosjoukine) . El primer público aclamó la capacidad de Mozzhukhin para mostrar hambre. La segunda escena era una niña en un féretro, y a continuación un primer plano del mismo actor. La segunda audiencia alabó el trabajo de Mozzhukhin expresando tristeza. La tercera secuencia consistía en una moza en un diván y el primer plano del actor. Y esta vez el público dijo que Mozzhukhin era un genio expresando cariño (u otras cosas). Lo que ninguna de las audiencias sabía era que el primer plano de Mozzhukhin era el mismo en los tres casos y que en sí mismo era bastante inexpresivo y neutro. Sólo el segundo plano, yuxtapuesto al del actor era el que confería sentido a la sosa expresión de Mozzhukhin. Nuestro cerebro no capta imagen por imagen, sino que realiza una mezcla de los mismos de forma que se difuminan los sentimientos producidos por una imagen y por la siguiente.


El experimento de Kuleshov


El efecto Kuleshov ha sido explotado en numerosas ocasiones en el cine, y es especialmente visible en la cinematografía constructivista soviética de principios del siglo XX, en la película Octubre (1928), de Eisenstein por citar tan sólo un ejemplo, es especialmente apreciable. Hoy en día el efecto Kuleshov es considerado una de las técnicas básicas de montaje cinematográfico. Por ejemplo en una persecución, la sucesión de tomas de perseguido y perseguidor cada vez más cortas produce la sensación en el espectador de que el perseguido se acerca cada vez más produciendo un crescendo en la tensión del espectador. De igual modo, el efecto Kuleshov fue empleado de forma perversa en las recientes elecciones municipales cuando el candidato del PP a la alcaldía de Badalona mostraba, en su vídeo propagandístico, escenas de gente descontenta por la delincuencia entreveradas con imágenes de emigrantes que producían una asociación en el espectador de que la delincuencia iba asociada indefectiblemente a la inmigración.


El efecto Kuleshov del PP badalonés


También Hope realizó un experimento similar hace unos años (cuatro exactamente, pues fue tras las elecciones autonómicas de 2003) con una fotografía de Rafael Simancas que repitiéndola varias veces, y con diferentes pies de foto, producían un efecto Kuleshov en el espectador muy interesante.

Reglas de interacción

En ocasiones surgen problemas de interacción entre las personas. El escenario habitual, en el ámbito personal, es que una de las dos personas transgrede alguna norma, o no cumple una necesidad de la otra, y aparece la fricción. En ese momento el caso ideal es, si ambas personas desean que perdure esa interacción, que aquella que está transgrediendo adecue su comportamiento en aras de la convivencia.

Esto no deja de ser una extrapolación de las normas sociales de convivencia, o más bien las normas sociales de convivencia sean una extrapolación de esto. Quiero decir, cuando alguien roba y con ello perjudica a otro individuo, la solución aplicada por la sociedad es intentar que el infractor comprenda que debe cambiar su actitud. Esto que parece una perogrullada viéndolo a escala social, se vuelve borroso para algunos a escala personal. Así, cuando en ocasiones se transgrede una norma de interaccción, el transgresor pretende que su transgresión no es tal, y que en realidad la convivencia puede perdurar si el transgredido lo desea, "levantando la mano". Finalmente el transgresor llega incluso a cargar la responsabilidad del cese de la interacción en el transgredido por no ser lo suficientemente tolerante. Sería como intentar convencer a la víctima del robo que "a fin de cuentas no es tan malo" que le roben y que sólo debe "acostumbrarse".

Pero la pregunta que yo me hago es qué falla para que una persona no comprenda que no puede convencerse a quien tiene una necesidad de que debe prescindir de ella, sino que, si realmente desea que la convivencia perdure, ha de modificar determinados patrones de conducta. No hace falta ser ningún lince para darse cuenta de que al menos uno de los factores que influyen aquí es el egoísmo que manifiesta el transgresor, que intenta que su status no varíe, y tampoco tenga que modificar su comportamiento. Reduciéndolo al absurdo, sería una postura tan irracional como la del asesino en serie que desea seguir asesinando y por ello cree que lo ideal es que cambien las leyes que lo inculpan.